Por/Lic. Nara Saccomanno*

El 3 de octubre se estrenó en nuestro país The Joker, film que relata la historia del famoso archienemigo de Batman antes de convertirse en, como le decimos en los países de habla hispana, el Guasón. Luego de casi un mes de exhibirse en nuestras salas, los adeptos siguen incrementando sin parar. En una época en que las películas de personajes de los comics se reproducen a la velocidad de un blatodeo*, uno se pregunta qué tendrá de distinto esta. Más allá del protagonismo de Joaquin Phoenix, actor que uno relaciona más con otro tipo de proyectos, no había nada que en un primer momento marcara la diferencia con otras. Sobre todo cuando se descubre que su director, Todd Phiips, fue el mismo que dirigió películas como Qué pasó ayer. Pero, ante las noticias alarmantes que empecé a leer con respecto al estreno de la película y su impacto negativo en la sociedad estadounidense, me provocó una gran curiosidad. Los comentarios en los distintos artículos acusaban a la película de violenta y hasta se animaban a pedir que la retiraran de cartelera. En distintas ciudades, mandaron a la policía a la salida de las salas.


Luego de verla, puedo decir que me encontré ante una pieza audiovisual sublime, que excede el mundo de superhéroes y supervillanos, y que deberían ir a ver, no sólo los adolescentes como pregona Michael Moore en su excelente crítica cinematográfica en sus redes sociales, sino todas las personas.


En pocas palabras, la película cuenta las vicisitudes de Artur Fleck, un hombre que desea ser comediante, pero para poder sobrevivir trabaja en una especie de agencia de payasos a domicilio, vive en un barrio humilde, en un departamento pequeño con su madre enferma y en una ciudad donde el conflicto social y la lucha de clases están a la orden del día. A medida que avanza la historia el espectador es testigo de las distintas humillaciones, burlas, maltratos físicos y psicológicos que recibe el protagonista y como este, agobiado por el contexto, arrasa, al mejor estilo Un día de furia, con todos y cada uno de los que lo marcaron negativamente. Esto da pie para el nacimiento de EL GUASON. Pero, lo interesante aquí es que en esta versión, él asciende como un líder de masas sin quererlo, sin proponérselo. Un líder, políticamente incorrecto, pero designado por un sector de la sociedad. Quizás, no el mejor, pero el necesario en ese momento. Esto me hace acordar a una de las escenas finales de Batman. El Caballero Oscuro, de Christopher Nolan, en la que el Comisionado Gordon le dice a su hijo, luego de ser salvado por Batman y mientras ve como lo policía lo persigue, que es el héroe que Ciudad Gotham se merece, pero no el que necesita en ese momento.


La película es necesariamente violenta porque es imposible, si de temas sociales se trata, realizar, en la actualidad, una obra de arte, sea a través del medio que sea, que no sea producto de la realidad en la que vivimos actualmente. Pero, no me refiero a la violencia gráfica como sangre, tiros o asesinatos, sino a la violencia política, social, económica, cultural, ambiental y, por supuesto, orgánica que la humanidad está viviendo. Muchos son los pueblos que están siendo víctimas de la ausencia y del abuso del Estado. Pero, estamos inmersos en un mundo tan sociópata, por no decir psicópata, con perdón de los psicólogos y psiquiatras, que parecería ser que si la humanidad se subleva porque muere de hambre, muere de frío o de calor, muere envenenado, muere enfermo, muere de tristeza, muere sin poder ser, los gobiernos de turno y las minorías poderosas enriquecidas son víctimas de la furia popular. Uno es conciencia de la sociedad injusta que nos rodea, pero tratamos de sobrellevar nuestra existencia como podemos, cada uno con sus elecciones y/o sus posibilidades. Y, a veces, te encontrás con películas como esta que, como un balde de agua fría, te devuelve a la realidad.


Por esta razón, al salir del cine, uno se queda como contrariado. Impacta, además de la actuación increíble de Phoenix que logra que te identifiques con él y logra atraparte en su mente, porque incomoda tanta violencia junta, tanta indiferencia y tanta soledad. Y lo que queda claro, es que todos y cada uno somos en función de la sociedad en la que vivimos. El guasón es lo que es porque absolutamente todas las personas que pasaron por su vida le mintieron, lo maltrataron, lo ultrajaron, lo violentaron y lo dejaron solo. Nuestras experiencias sociales son parte de nuestra identidad y nos va construyendo como seres individuales. Las comunidades crean sus propios demonios, los demonios no existen. El Guasón simboliza todo esto y más. No hay que hacer una interpretación lineal sino parecería que se está proponiendo que todos hagamos justicia por mano propia cuando no es así. El Guasón es un antihéroe convertido en símbolo. Y los símbolos son el motor para seguir de pie y perseverar. Como dijo alguna vez algún argentino por el mundo “Porque esta gran humanidad ha dicho basta! Y ha echado a andar!


*BLATODEO: Blattodea, del latín Blatta, «cucaracha» y del griego eidés, «que tiene aspecto de», conocidos también como cucarachas, cutias o baratas,​ son un orden de insectos hemimetábolos paurometábolos de cuerpo aplanado, que miden entre 3 cm a 7,5 cm.

*Nara Saccomanno/ Licenciada en Comunicación Audiovisual, Guionista, Fotógrafa.

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