Por/Luis E. SWIM

“La Energía Nuclear representa una poderosa herramienta de transformación tecnológica del país” La frase – pronunciada en la década del 60´ por el gran tecnólogo argentino Jorge Sábato- asaz visionaria y conceptualmente estratégica, se enmarcaba en una Argentina por entonces convulsionada por la reiteración de golpes militares, con una democracia bastante más endeble que la que hemos llegado a construir hoy.


En el contexto de un mundo bipolar, en plena guerra fría. Un mundo con el cual había enormes dificultades de comunicación y de acceso a las líneas de conocimiento tecnológico prevalecientes en los países centrales. Medio siglo más tarde, aún con todas aquellas dificultades, es mucho el camino ya recorrido por la industria nuclear argentina. 

Si bien hoy es evidente que el sueño de Sábato logró materializarse sólo parcialmente, el desarrollo tecnológico nuclear de la Argentina exhibe hoy una cantidad de logros, de aportes singulares que lo diferencian de cualquier otra área de desarrollo y generación de valor agregado y trabajo de alta calificación en este país.

Repasemos rápidamente: en 1957 la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) construyó – con componentes nacionales y diseño estadounidense- el reactor nuclear de investigación RA-1, primero en Latinoamérica, en el cual se fabricaron los primeros radioisótopos argentinos para aplicaciones médicas e industriales. 

Esos desarrollos permitieron luego llevar adelante el diseño y la construcción – por parte de la CNEA- del reactor de investigación RA-3, puesto en marcha en 1967.

La producción del RA-3 (instalado en el Centro Atómico Ezeiza) abastece actualmente de radioisótopos a la Argentina y a otros países de Sudamérica. Continuando con esta línea de desarrollo tecnológico, a fines de los 80´s CNEA provee al Perú del reactor de investigación RP 10, y en 1982 se inaugura en el Centro Atómico Bariloche, el reactor RA-6, diseñado y construido por INVAP. Este es el primer reactor diseñado y construido íntegramente en el país, hito tecnológico que esencial para la consolidación posterior de INVAP como como líder mundial en el diseño y construcción de reactores nucleares de investigación y otras facilidades nucleares complejas.

En la Argentina hay hoy operativos 5 reactores nucleares de investigaciónque proveen múltiples servicios, desde aspectos académicos y la formación de recursos humanos calificados, hasta la producción de radioisótopos de uso médico e industrial, el estudio de materiales y tratamientos médicos. Estos reactores son: 

  • RA-0 (1970), en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba
  • RA-1 (inaugurado en 1958, ya mencionado), ubicadoen el Centro Atómico Constituyentes (CNEA).
  • RA-3 (1967), ubicado en el Centro Atómico Ezeiza (CNEA), ya mencionado; 
  • RA-4 (1971), en la Universidad Nacional de Rosario; 
  • RA-6 (1982) ubicado en el Centro Atómico Bariloche (CNEA), y – por último- uno de los reactores de investigación hoy más modernos del mundo (destinado a aumentar la producción de radioisótopos del país y reemplazo del RA-3en Ezeiza),el reactor RA-10, cuya construcción – ya en fase avanzada- fuera paralizada recientemente en la última etapa de la administración Cambiemos.

En cuanto a la utilización de la Energía Nuclear como fuente de generación eléctrica para millones de argentinos, en marzo de 1974, se inauguró la Central Nuclear Atucha I, primera central de generación nucleoeléctrica de toda Latinoamérica, comprada en esa época a Siemens porque – entre otras ventajas – aseguraba la máxima participación de la industria local, que – por aquel entonces- rondó el 30%. 

En mayo de 1983, se inauguró la Central Nuclear Embalse, comprada a la empresa canadiense AECL. La participación local había logrado escalar al 50%. El gobierno de Raúl Alfonsín heredó un programa nuclear sobredimensionado para las capacidades económicas y financieras que había sido sobre-endeudado y desindustrializado por la Dictadura militar. Sin embargo, intentó avanzar en la construcción de la Central Nuclear Atucha II, comprada a KWU, subsidiaria de Siemens.

Luego de casi cuatro décadas de relativa coherencia en las políticas de Estado aplicadas al desarrollo nuclear, en los años noventa se impulsó el primer intento de desmantelamiento del sector. Pero entre 2006 y 2015 se logró reformular una política nuclear y se pudo iniciar un proceso de acelerada recuperación. La finalización de Atucha II en 2014, la extensión de vida útil de la Central Nuclear Embalse y los acuerdos con China para la compra de dos centrales nucleares de potencia volvieron a colocar al sector en la vanguardia de las políticas tecnológicas de desarrollo nacional.

Si bien la construcción de centrales nucleares de potencia con participación argentina cercana al 100% fue una aspiración –nunca alcanzada hasta la fecha – de la política nuclear argentina, en paralelo el sector nuclear logró producir otros logros notables: 

  • La fabricación y exportación de reactores nucleares de investigación y plantas de producción de radioisótopos (permitiendo el autoabastecimiento argentino y su exportación a Latinoamérica).
  • La creación de INVAP, hoy la principal empresa de tecnología argentina, (que se diversificó a la producción de radares, satélites y drones).
  • La generación de la cadena de valor de las plantas de fabricación de elementos combustibles para las centrales de potencia.
  • El enriquecimiento de uranio.
  • La creación (en 2014) de una red Centros de Medicina Nuclear en todo el país, con tecnologías y capacidades de avanzada, entre otros logros.

Así, dentro del espectro de logros tecnológicos que puede exhibir la Argentina en su historia – muchas veces desconocidos por gran parte de la sociedad- el nivel de desarrollo tecnológico alcanzado por la industria nuclear nacional ostenta cualidades verdaderamente singulares dentro del aparato productivo nacional. Y que brindan una plataforma tecnológica sólida para avanzar en políticas de recuperación industrial y energética. 

(Motor Económico)

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