Por/Saúl Solano

A propósito del Día del Escritor…

Hay una fuerza en el hombre, proveniente del simple hecho de vivir, que condiciona su destino de modo fatal.
Esta fuerza que se vuelve visible a cada momento a través de las manifestaciones del amor, que tiende a trascender del individuo en una comunión con el todo, tiene sus propias leyes irreductibles a los esquemas racionales.


La poesía no es, por consiguiente, un lujo o un divertimento, sino una necesidad, del mismo modo que lo es el amor.
Aldo Pellegrini, nos dice: “La libertad vive en la poesía misma, en su manera de expandirse sin trabas, en su poder explosivo. Está implícita en el acto de la creación, en ese modo de surgir de las zonas del espíritu donde reina la insumisión, donde es libre en todas las dimensiones. Libre de los esquemas de la razón, libre de las normas sociales, libre de las prohibiciones, libre de los cánones, libre del miedo, libre de los dogmas, libre de sí misma. En esa zona del espíritu vive la experiencia milenaria de la especie, vive el sentido del hombre, se forman los deseos y las fuerzas impulsoras de la dinámica vital”.


A diferencia de Colón, que descubrió “Un Mundo Nuevo”, que estaba allí, el poeta ha de construir un “Nuevo Mundo”, que no está allí hasta que él lo pone.
La poesía y el poeta son inseparables: No se puede escribir sobre lo uno sin referirse a la vez al otro, y en estos tiempos de crisis y agobio generalizado; quizás tenga plena vigencia las palabras de Gregory Corso: “Dudo que los poetas de otros tiempos hayan afrontado una situación tan ambigua y dura como la que deben afrontar los de hoy; y dudo que el poeta actual afronte una situación tan ambigua y dura como el poeta del futuro. Es el poeta, ahora, y no el poema, lo que debe convertirse en una obra de arte, lo que debe ser bello y perfecto. La época exige que el poeta –es decir, el Hombre- sea tan auténtico como un poema”.


Pese a todo, la poesía, sigue viva en cada rincón de la ciudad y del alma. En cada recodo de la memoria y su inconsciente. En la mirada y sus misterios. En el alma de los Hombres-Niños.
Insistentemente se abre paso, y es imposible ponerle barreras, porque serán sorteadas, a costa del dolor o del amor en cada uno de los seres humanos.


Mientras persistan los sueños, de la buena gente, la poesía seguirá limpiándonos el espíritu de turbulencias y acumulando esperanzas en los nuevos caminos, dibujados bajo nuestros pies.

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