Por /TavoCibreiro (*) 

Hace algunos días, desde Motor Económico, nos propusimos escribir las 20 ideas básicas, y necesarias, para transitar la comunicación no hegemónica de la mejor forma posible. Fueron esas y no otras porque concebimos la comunicación como un derecho humano fundamental, convertido en una herramienta emancipadora potente, generadora de nuevos diálogos simbólicos y prácticas disruptivas, capaces de adaptarse a las necesidades de un territorio específico y no al revés.

Por supuesto estas instancias, ordenadas de manera caprichosa, son total y absolutamente perfectibles y, a partir de un escenario en mutación constante, de actualización permanente. Como sabemos, aquello que hoy funciona, mañana puede quedar vetusto y perder su utilidad. En ese sentido, el filósofo polaco, Zygmunt Bauman,asegura: “La modernidad “solida” planteaba que la duración eterna era el motor y el principio de toda acción; En la modernidad “líquida”, la duración eterna no cumple ninguna función. El corto plazo ha reemplazado al largo plazo y ha convertido la instantaneidad en ideal último. La modernidad fluida promueve al tiempo al rango de envase de capacidad infinita, pero a la vez disuelve, denigra y devalúa su duración”. 

Por ello,entre varios conceptos, al forjar la comunicación como hecho político concreto – con criterio federal y anti patriarcal -, resaltábamos la importancia de construir un esquema comunicacional elástico, lejos de Jakobson,con capacidades anatómicas, sin roles estáticos y con múltiples participantes simultáneos. Además, como si esto fuera poco, también debe fomentar el intercambio de saberes y la socialización de los conocimientos previos y producidos. Por otro lado, mientras tanto, las corporaciones mediáticas continúan en su juego. Abrumados por la ambición desmedida de sus capitales transnacionales, los medios de comunicación masivos, utilizados por la hegemonía, han perdido su orientación original. “El cuarto poder ha dejado de existir” repite una y otra vez, Ignacio Ramonet. Y así es, sin lugar a dudas. Aquel periodismo garante de las instituciones del estado, tal cual lo conocimos durante el siglo XX, es historia. Sólo queda la mueca burlona, y varios intentos fallidos de objetividad e independencia, de una prensa devorada por su propio personaje casi desde el primer día.

“El mundo de las corporaciones busca deslegitimar el derecho de los pueblos a ser soberanos, tener independencia política y económica. El poder real ha tenido la habilidad de crear “marcas” que sirven para su legitimación” afirma Hector Sosa, editor de Motor Económico. Y para cumplir con esa premisa, no sólo utiliza las empresas periodísticas, sino también, la big data, la industria del entretenimiento y hasta los planes de estudios de todos los estadios académicos de un país. Hoy, por ejemplo, empresas como google, Facebook o twitter manejan más información que varios estados nacionales juntos. 

En síntesis, si la inmediatez y la superficialidad son los motores principales en la dinámica informativa actual, los medios populares deben profundizar sus contenidos, fomentado la participación de la comunicada en los procesos colaborativos de producción de sentido, brincando desde sus propios intereses emancipadores y sin olvidarse del trabajo en red, la articulación eterna y la honestidad intelectual como base del relato informativo. 

(*) TavoCibreiro. Comunicador Popular. Periodista. Integrante de Ucaya y Mueve Argentina. Fundador de Fm Fribuay y La Red de Medios del Oeste.

(Motor económico)

Artículos Relacionados

Deja un comentario