Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Como si no fuera suficiente el pánico que está causando la presencia arrasadora del coronavirus en Ecuador, a quienes sufren la pérdida de un ser querido se les suma la angustia de que son ellos mismos quienes deben buscar el cuerpo para intentar darle sepultura. Para rescatar a su familiar deben tantear entre montañas de fallecidos (muchos de ellos, en descomposición) el que les pertenece, y en algunos casos luego de horas de exploración, entre malos olores y putrefacción, descubren que no estaba ahí.

Ya son varias las denuncias de este tipo y es hora de que el Ministerio de Salud ponga cartas en el asunto. El foco infeccioso que puede causar un cuerpo en descomposición podría ser alarmante, imaginemos ahora 30, 40 o más cadáveres juntos pudriéndose. Está claro que la preocupación principal en estos momentos es mantener con vida a todo contagiado para evitar la propagación, pero también se debería agilizar la entrega de los cuerpos que perdieron la lucha contra esta peste.

Y es que la incertidumbre reina en Guayaquil: si no es porque deben dejar los cuerpos abandonados en las calles porque las autoridades no los recogen en un tiempo pertinente, ahora también se suman quienes murieron en algún hospital y sus cuerpos desaparecen o los trasladan a otro lugar. Sin duda esta emergencia sanitaria nos cogió por sorpresa a todos, pero el gobierno debe tomar decisiones urgentes, sobre todo en Guayas, que no vislumbra siquiera una salida.

(Nodal)

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