En agosto cubrió 24 millones de km cuadrados, la mayor dimensión en décadas. Actualmente tiende a disminuir, y alcanzará en diciembre valores más “normales”. Científicos auguran una lenta recuperación de la capa de ozono, si se siguen respetando los protocolos.

Un fenómeno que ocurre cada año en el hemisferio sur, alcanzó en 2020 grandes proporciones como consecuencia de las bajas temperaturas. Se trata del agujero de ozono que anualmente “aparece” sobre el continente antártico.

Según informó la Organización Meteorológica Mundial, en 2020 es uno de los más grandes y profundos agujeros de las últimas décadas. Desde aproximadamente mediados de agosto alcanzó los 24 millones de km2. Por estos días cubre 1 millón de km2 menos, no obstante un tamaño muy por encima del promedio.

Una vocera de la OMM en Ginebra explicó que el gran agujero “ha sido impulsado por un vórtice polar fuerte, estable y frío, que mantuvo la temperatura de la capa de ozono sobre la Antártida constantemente fría”.

En tanto, científicos europeos observaron concentraciones de ozono en la estratósfera reducidas a valores cercanos a cero en la Antártida, en altitudes de 20 a 25 km.

Es normal que en la primavera austral el agujero de ozono sobre la Antártida aumente su tamaño, sobre todo de mediados de septiembre a mediados de octubre. Cuando las temperaturas suben conforme avanza el verano, el agotamiento del ozono se ralentiza, el vórtice polar se debilita y finalmente se descompone. Sobre fin de año los niveles vuelven a la normalidad.

Estudios auspiciosos

“El agujero de ozono de 2020 se parece al de 2018, que también fue bastante grande, y definitivamente está entre los más grandes de los últimos quince años”, se explica en un comunicado del Servicio de Monitoreo de la Atmósfera de Copernicus.

“Después del agujero de ozono inusualmente pequeño y de corta duración en 2019, que fue impulsado por condiciones meteorológicas especiales, estamos registrando uno bastante grande nuevamente este año”, lo que lleva a los científicos a confirmar la continuidad de la aplicación del Protocolo de Montreal, que prohíbe emisiones de sustancias químicas que agotan la capa de ozono. La prohibición de, por ejemplo, los halocarbonos, redunda en una clara tendencia a la disminución del área del agujero anual.

“El Protocolo es uno de los tratados ambientales exitosos más efectivos de todos los tiempos. Sin embargo, no podemos ser complacientes”, advierten.

Una última evaluación de 2018 comprobó que la capa de ozono está en vías de recuperarse y posiblemente alcance en 2060 los niveles de 1980.

(news.un.org)

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