Por/Joan Premici

Si tuvieras que dar un solo consejo ¿Cuál sería? Me preguntaron, y la respuesta se me apareció de inmediato. Sin duda este sería: Aprende a tocar un instrumento, o a dibujar, aprende de fotografía o de cine, desarrolla tus cualidades artísticas en el aspecto que más te seduzca. Porque es el tiempo mejor invertido, porque la retribución es inagotable y el aprendizaje infinito. La música desde lo implícito me enseñó de respeto, me enseñó de empatía, me enseñó de paciencia y de templanza, armonía y trascendencia. Me enseñó de libertad y me emancipa como persona.

La cualidad emancipadora del arte, la entiendo como una parte inseparable de la constitución que  el artista va adquiriendo a lo largo del recorrido. En base a la transición de matices estéticos, uno tiene la posibilidad de reconocer patrones que son intrínsecos a la expresión genuina y particular de la óptica individual. Y es el laboratorio, la improvisación y la asociación libre la que nos permite adquirir el entrenamiento para reconocer la progresión de contrastes que se  adoptan como propios y le brinda al mismo una identidad definida. Y para lograr la originalidad en el arte, es indispensable acumular horas en la búsqueda de las características que hacen de nuestra expresión algo único.

La emulación o reproducción es importante para adquirir los recursos que más tarde usaremos o no en el enriquecimiento de nuestra identidad. Pero es fundamental nunca dejar de apostar a la búsqueda propia. Esta, lógicamente va a ir cambiando y se irá transformando en relación a cada una de las influencias que vayamos ingiriendo que nos aportarán los recursos que definan la naturalidad propia de nuestra originalidad. Siempre y cuando comprendamos que la emulación es un aspecto y no un todo, en tanto nos interese constituirnos como artistas/autores. Es lógico pensar que mientras más géneros, estilos o formas experimentemos, más amplio será el abanico para enriquecernos. Por eso también es importante apostar a la diversidad y estar predispuesto a lo diferente.

La sucesiva puesta en práctica de la improvisación nos permite establecer y por lo tanto reconocer patrones, en otras palabras es un ejercicio continuo de la intuición que nos aporta versatilidad no solo para interpretar dentro de nuestros dominios artísticos, sino que nos facilita la percepción de la progresión de recursos en todas las esferas de la cultura. Uno como músico elige matices que le aporten a la ejecución la dosis justa en relación a la búsqueda específica. Se puede decir y poner como ejemplo: que el resultado de una vida de ejercicios y trabajo de un baterista se resume en un movimiento de muñeca que imprima en el impacto del palillo contra el parche el sonido preciso en el momento adecuado. Así como el sutil trazo de un artista plástico o la elección de un sinónimo en un escritor. Y justamente estas son las sumas de esos detalles que le dan a Cortázar su inconfundible estilo, a Lola Mora su maestría o a Spinetta su sutileza.

¿Y porque insisto en la intuición y la emancipación? Pues, esa práctica continua me ha ejercitado la curiosidad para reconocer la sutileza de los detalles que se imprimen en cada esfera aún por fuera de lo cultural o artístico. Puesto que las horas de práctica y el conocimiento de la materia denotan en el artista, artesano o quien oficia, esa técnica pulida que lo resalta. Y así como veremos la experiencia en un músico o un artista plástico también podremos verla en un carnicero de oficio que, cortara la res con las sutilezas y técnicas que ha ido adquiriendo a lo largo de su trayectoria, y sabremos de la experiencia de la que se vale en relación a la facilidad para realizar los cortes, lo sofisticado de la herramienta que usa, la utilización de la fuerza en su justa medida. Y por último el resultado, un corte limpio, sin esfuerzo y con celeridad.

El ojo intuitivo del improvisador se va afinando en medida que uno va conociendo sus propia identidad y va siendo consciente del trabajo que esta contienda demanda. Y me refiero al “improvisador” como todo aquél que se vale de recursos diversos en la búsqueda de su propia identidad. No existe vanguardia que no se valga de la improvisación. Y quien ha dedicado horas a la improvisación aprenderá de respeto al compartir el “laboratorio” con otros artistas en la misma búsqueda, se valora de empatía para entender que sus colegas están en la misma búsqueda y le dará el lugar respectivo, siendo este un camino recíproco ante todo. Será paciente al entender que el carácter buscado no se encuentra de la noche a la mañana sino que se pule a diario. Y todo este proceso te aporta inevitablemente la serenidad necesaria, te enseñará humildad si se entiende que se empieza pero jamás se termina. Te aceptarás con tus defectos y virtudes y eso te hará libre para expresarte de la forma más genuina y propia. La forma de la emancipación, la trascendencia.

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