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Los discursos de Lacunza y Sandleris reflejan que el gobierno, en su etapa más difícil, insiste con la misma política. Seduce al capital especulativo y sacrifica al trabajo y el empleo. 

Las elecciones primarias del 11 de agosto dejaron expuesta la catástrofe económica que ya existía. Tras una semana de marchas y contramarchas patéticas, el gobierno optó el fin de semana por un cambio de piezas en la conducción económica. 

La llegada de Hernán Lacunza a Hacienda en reemplazo de Nicolás Dujovne generó expectativas de cambios de políticas y más de un interrogante. 

Los discursos del ministro Lacunza y el titular del Banco Central, Guido Sandleris, dieron la respuesta: nada va a cambiar. No hubo anuncios. Al contrario, se ratificó el rumbo y las políticas aplicadas hasta aquí, que fueron la causa principal del desastre financiero primero, socioeconómico después y, finalmente, político (como describe Alfredo Zaiat en su columna). 

No habrá alivio para los jubilados, cuyos ingresos quedaron aun más postergados tras el shock inflacionario provocado por una nueva megadevaluación macrista. 

El propio Sandleris admitió que la inflación de agosto y septiembre volverán a ser elevadas, lo cual no constituye ninguna novedad pero confirma que el gobierno bajó los brazos en materia de evitar el traslado a precios internos del último salto del dólar. Además, el gobierno (a través del Ministerio de Producción y Trabajo) pateó para el 30 de agosto la convocatoria al consejo del salario, que deberá definir un nuevo mínimo vital, como fue prometido la semana pasada pero con la novedad que recién podrá estar vigente a partir de septiembre. Es decir, que se cobrará en octubre. 

Por decisión del gobierno, el país transitará los meses que faltan hasta el traspaso de mando con inflación, tasas de interés prohibitivas para la producción y letales para quienes se financian con tarjetas o descubiertos; retraso de ingresos de quienes viven de su trabajo en relación al dólar y canastas de consumo; y cierres de empresas y suspensiones de personal (como se sigue verificando a diario). Y una política que gobierna para un sistema financiero convertido en una timba de la que surgen los únicos ganadores absolutos del modelo: los especuladores. 

No me votaron para cogobernar y yo no tomo decisiones en nombre de Macri, porque soy su alternativa», respondió Alberto Fernández, candidato a presidente del Frente de Todos, a varios medios que lo consultaron ayer, horas después de que el presidente en ejercicio lo convocara a acercar una persona suya para elaborar políticas en conjunto con el recién nombrado Hernán Lacunza (ver nota aparte en esta edición). 

El pedido de Macri responde, se presume, a un reclamo del FMI. El gobierno espera la visita de la misión de auditoría del organismo para que apruebe las cuentas fiscales y autorice el desembolso de 5400 millones de dólares en los primeros días de septiembre. Macri sabe que un aval de Alberto Fernández hoy le vale más que mil gestos «al mercado», que ya le soltó la mano. Su reclamo al candidato que lo venció en las PASO para compartir la decisiones económicas no le nació, muy probablemente, del intercambio de ideas con los suyos en la quinta Los Abrojos, el fin de semana, sino que suena a haber partido de Washington. 

Si el Fondo quiere tener un compromiso de Fernández, evidentemente deberá conversar directamente con él, aunque con ello desautorice al gobierno actual. 

Fuente: Página 12

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