Por/Marta Molina*

La RAE é mobile qual piuma al vento

Sé que lo dije infinidad de veces, pero insisto: ningún individuo puede cambiar la Lengua, ningún grupo, ninguna institución, ni siquiera la Real Academia Española. Sólo la masa parlante en su conjunto, a través del uso – y del tiempo – va deslizando cambios en ella.
¿Por qué? Porque la estamos internalizando desde que nacemos y, aunque sea una mera ficción arbitraria, es el único instrumento con el contamos para pensar. Si alguien intenta cambiarla, no sólo cambia la Lengua, nos cambia también las ideas. Este sencillo mecanismo es implementado por los poderes más nefastos, especialmente a través de los medios de comunicación, para inducir a las multitudes a actuar y a votar en contra de sí mismas.

La Lengua crece en nosotros y con nosotros. Primero en el aprendizaje familiar. Después en las instancias escolares. Años tramando, amasando, acostumbrándonos a sonidos que refieren cosas, hechos…Y de pronto, alguien o algunos pretenden silenciarnos por dentro esos sonidos e imponer otros…¿Otros mejores, con mayor grado de significación? ¡No! Toda palabra es una farsa. No hay nada en lo real que la convoque o la sostenga (de ahí la desesperación, y la belleza, de la poesía).


Desde esta fragilidad constitutiva e irreparable la Lengua nos constituye en humanos y en humanas. Nuestra conciencia depende de ella. Por ella somos quienes creemos ser. Y aquí estamos, en el borde de lo que existe.


La RAE también lo está. ¿Qué es lo que cuida? ¿Lo que no es…? Todo lo que decide consiste en un mero gesto de poder. Veamos su última admisión: después de insistir, durante siglos, que el ‘participio presente’ no tiene género porque conserva su función verbal – a diferencia del ‘participio pasado’ que sí lo tiene porque funciona como adjetivo – se desdice y acepta «presidenta», «estudianta», «pensanta»…etc., etc.
En fin, después de un montón de años de trabajar como docente, descubro que soy «docenta»…Y la verdad es que lo percibo como un desarraigo…
(¡Qué tufo a calamar hurtado en mares argentinos, cerca de Malvinas, tiene esta decisión de la Real Academia Española!)


Otro tema, en contacto con éste sin duda, es el uso de la «e» como indicador o negador de género, no lo tengo claro. Lo que sí tengo claro es que después de introducir la famosa ‘e’ en todas partes la quieren arrinconar en el ‘participio presente’ que es donde estuvo siempre, sin molestar a nadie…


El tiempo traerá, una vez más, confirmación u olvido sobre estas variantes con que los contextos y las modas inciden en el habla.
Las incertezas lingüísticas son síntoma de una realidad que se desea distinta. Eso está bien. Pero no basta. Ninguna «e» ha podido frenar los femicidios.
Entre el decir y el hecho hay un combate político que emprender. Acciones concretas para enfrentar la violencia de los sectores más recalcitrantes que hacen de la sociedad un nido de voraces delincuentes donde la base de todos los crímenes es la acumulación desmedida, perversa, antihumana de capital. Esto es lo que realmente hay que esforzarse por cambiar.


La lengua siempre cambia. No hay que forzarla. La RAE es voluble, porque no puede contenerla. Y mucho menos, sujetarla.

*Marta Molina/ Licenciada en Letras/Escritora

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