Por/ Miguel Alfeirán

“Más que de un modelo nos gusta hablar de una nueva matriz productiva, porque no se trata de algo predeterminado que simplemente hay que aplicar, se trata de ensayar una nueva forma de producción, que requiere de una construcción distinta en el campo, pero también de un cambio cultural en la ciudad.

El consumidor tiene que entender que los cultivos no salen solos, que hay un trabajo y que ese trabajo se hace a conciencia, que brindamos alimentos sanos y a un precio justo, que no da lo mismo comprar directamente a los productores que en un supermercado que tiene una cadena de valor inflada por los intermediarios.

Y para llegar a ese precio justo también es necesario trabajar mucho con los productores en el campo. Porque lo primero que aparece es el sistema que todos conocemos, el del mercado que impone precios y entonces si en el Mercado Central la frutilla está a 400 pesos, la pones a ese precio aunque estás a 1.800 kilómetros de Buenos Aires y vos podés ganar bien si la vendes a 150 pesos.

Muchos compañeros han sido explotados desde siempre y cuando ven la posibilidad de sacar una ventaja no se dan cuenta de que no se trata de repetir la misma historia sino de cambiarla para demostrar que hay otra forma posible de producir y comercializar alimentos, que lo importante es que nuestras familias puedan vivir dignamente de su trabajo y que las otras familias puedan tener los alimentos que producimos a un precio que les permita comprarlos.

Para eso es importante que la producción y la comercialización sean un equipo que trabaje unido con los mismos objetivos. Ese es el principio, después están las otras necesidades, fundamentalmente la de la tierra para trabajar. No es que le falte tierra al Estado, es que los grandes monopolios se han apropiado de esas tierras a cambio de promesas que nunca cumplen, es hora de que eso cambie y que cambie también esa cultura que se impuso en los 90 de alquilar o abandonar la tierra para aprovechar un negocio que nos perjudica a todos.

Ese cambio podría darse desde los municipios, que deberían interesarse en el desarrollo de la producción local de alimentos, en la regionalización que permita acortar distancias y abaratar costos, además de generar trabajo genuino. Con todo eso podemos lograr la continuidad necesaria para alimentarnos mejor y modificar la cultura de la especulación”.

(Motor económico)

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