Por/ Juan Piterman

Innumerables noticias falsas e inexactas circulan desde que la humanidad enfrenta el coronavirus. A tal punto, que la OMS acuñó un término para definir la situación de desinformación: infodemia. Los expertos recomiendan poner en práctica la duda y no viralizar.

Noam Chomsky, uno de los lingüistas más relevantes del siglo XX, dice que en el mundo actual la gente se siente sola, sin esperanzas ni ilusiones. “Si no confiás en nadie, por qué tenés que confiar en los hechos. Si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie”, asegura el estadounidense. Los estados emocionales y las creencias personales son un factor clave para la consolidación de la posverdad. Las noticias falsas actúan sobre las emociones, los miedos y la tensión social, y se convierten con el tiempo en verdades sesgadas. Cuanto más asociada esté una noticia a las emociones básicas de una persona, más poder de manipulación tendrá. Y en tiempos de pandemia el terreno es aún más fértil.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió como “infodemia” a la práctica que consiste en difundir noticias falsas sobre la pandemia que aumentan el pánico en las sociedades. Desde que comenzó el aislamiento social, preventivo y obligatorio por la pandemia de Covid-19, la corriente de información maliciosa creció en grandes escalas. Las fake news se dispersan en las redes sociales, vía cadenas de WhatsApp, videos, fotos o audios, y en la mayoría de los casos están provistas de información alarmista, errónea o falsa. Pero también pueden ser publicadas en los medios de comunicación, con forma de datos no chequeados y tergiversados, e informes preliminares o sin fundamentos científicos.

LA CIENCIA AL RESCATE

Casi al ritmo de la llegada del coronavirus, un grupo de científicos autoconvocados decidió organizarse para luchar contra el fenómeno de la epidemia informativa. El grupo “Ciencia Anti Fake News Covid-19” está integrado por 16 científicos y científicas que trabajan de manera colectiva y autogestiva. Bajo el amparo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), verifican la información dudosa o falsa y comparten los resultados en la plataforma Confiar, que depende de la agencia de noticias Télam.

La metodología está dividida en varias comisiones y consiste, en primer lugar, en clasificar las fake news por su proveniencia y formato. Se tiene en cuenta la coyuntura de esa supuesta noticia, cuánto riesgo supone y sobre todo si es peligroso para la salud. La aparición de artículos referidos a la utilización del “remedio milagroso MMS” o dióxido de cloro –un producto tóxico y que su comercialización está prohibida por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat)–, o la utilización de gárgaras de sal para eliminar el virus –no sólo es falso sino que además puede ser de alto riesgo para personas con hipertensión– son algunos ejemplos. En segunda instancia realizan búsquedas bibliográficas para avalar o desmentir esa información. “Cotejamos todos los artículos disponibles sobre el tópico de cada ‘fake’ junto a las guías de la OMS, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) y el Ministerio de Salud, y armamos un fundamento teórico para elaborar la respuesta que llegará a la plataforma”, explicó Soledad Gori, bióloga y miembro fundadora del grupo “Ciencia Anti Fake News Covid-19”.

Confiar es el sitio web que lanzó la Secretaría de Medios y Comunicación Pública a principios de abril y que está dedicado a la verificación de la información, basada en fuentes oficiales, datos, hechos, voces autorizadas e investigación científica. Ofrece tres secciones principales que permiten verificar o refutar aquello que circula en los medios, visualizar las noticias falsas y saber por qué lo son, y también chequear el origen de las noticias dudosas. Además, el usuario puede enviar su inquietud o información que considera sospechosa vía correo electrónico.

Resulta paradójico –o quizá no– que la emergencia sanitaria sea el motor de la gran exposición que hoy atraviesa la ciencia. Desde su lanzamiento la plataforma ha aumentado el número de visitas al punto de que ya están planeando trabajos interdisciplinarios con las ciencias sociales y científicos de otras provincias. Gori sostiene que la ciencia “no debe quedar colgada en un cuadro ni sostenida en un pedestal”, sino que es necesario acercarla a la gente para que se comprenda, de una vez por todas, por qué tiene que ser pública y con un financiamiento acorde.

EL CIBERCRIMEN Y ORSON WELLES

La información falsa corre más rápido que el virus y al suponer un peligro para la sociedad, la pregunta que aparece es si conforma o no un delito. Daniela Dupuy, titular de la Unidad Fiscal Especializada en Delitos y Contravenciones Informáticas del Ministerio Público Fiscal de la ciudad de Buenos Aires, reveló que las denuncias sobre delitos informáticos crecieron casi un 50 por ciento desde que comenzó la cuarentena. No hay todavía una figura penal para las noticias falsas y, según la fiscal, “ante todo está el derecho de manifestar las ideas y pensamientos, siempre con un límite que es la comisión de un delito”.

El caso de un youtuber que denunció la existencia de “tres pisos infectados con coronavirus en el hospital Posadas” es uno de los ejemplos que incurrieron en infracción. No sólo se trataba de una mentira –en el hospital había una paciente diagnosticada– sino que también fue causante de una merma en los donantes de sangre que asistían a diario, y sembró preocupación y paranoia en los trabajadores. El creador del video fue detenido y acusado del delito de intimidación pública, según el artículo 211 del Código Penal.

Sucede que las normas, derechos y garantías para determinar un delito existen, pero por ahora sólo en el mundo físico. Marcos Salt, abogado y director del posgrado de Ciber Crimen y Evidencia Digital de la Universidad de Buenos Aires (UBA), sostiene que es urgente la asimilación y adecuación del sistema judicial al entorno digital. “Tenemos problemas para solucionar cuestiones que se nos vinieron de golpe. La pandemia adelantó este proceso y lo profundizó veinte años en un mes”, señaló.

Sin embargo, si hablamos de fake news e intimidación pública, no parece ser un tema nuevo. Uno de los pioneros en la práctica pudo haber sido Orson Welles cuando, en 1938, puso en vilo a los ciudadanos de Nueva York y Nueva Jersey. El entonces futuro cineasta transmitió en la radio una versión de La guerra de los mundos donde alertaba sobre una inminente invasión extraterrestre. La falsa noticia provocó un pánico generalizado en la población y causó el colapso de rutas y comisarías. Las consecuencias no distan mucho a las de esta era.

Sabemos que no hay una verdad absoluta, sino múltiples interpretaciones. Pero sí podemos asegurar que existe la mentira. En épocas de posverdad y pandemia informativa es necesario confiar en la ciencia y los hechos. Preguntarse sobre las fuentes de cada noticia y no compartir algo sólo porque se adapte de manera verosímil a nuestras convenciones. El virus también trajo consigo la batalla contra la desinformación. Cuestionar cada dato y construir una mirada crítica podría ser el desafío para pensarnos más libres.

(Caras y caretas)

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