Por/Lorena Uribe

Pibas y mujeres de diferentes franjas etáreas y distintos barrios de la ciudad de Río Grande, se organizaron en distintos grupos de whatsapp, con el único fin de brindarse unas a otras acompañamiento, o contención, a la hora de salir a la calle, no sólo durante la noche, sino, en cualquier momento del día. ¿Por qué?, se preguntarán muchos. Debido al acoso callejero casi permanente que deben padecer gran número de mujeres, niñas y adolescentes. Respecto al tema, aunque el “acoso callejero” fue incorporado como un tipo de violencia, en la Ley 26.485, en Río Grande, no existe normativa vigente al respecto, ni mecanismos que prevengan y erradiquen los mal llamados “piropos”.

Una de las pibas tiene 18 años, es emprendedora, labura, estudia, tiene un perro, y trata cada día de su vida, aún pandemia mediante, de seguir su vida con normalidad, en esta “nueva normalidad”.
Así, llegó a la casa de su madre, colorada de bronca, e insultos de por medio y un nudo en la garganta, dice: “Me acabo de putear con cuatro flacos, por la sarta de barbaridades que me dijeron. No puede ser, harta estoy. Esto no se termina nunca, veo a un camión de la basura y mejor me cruzo de vereda. ¿Hacen un curso sobre guarangadas antes de entrar a trabajar a camioneros?”, se pregunta y sigue: ¿En qué cabeza cabe que decir te quiero a romper el culo, es un piropo. Eso ya no existe más”, y continúa, hablando hasta descargar, porque la bronca de un acoso en la calle, no es tan fácil de asimilar, y sólo las mujeres saben de la cantidad de los, mal llamados piropos, se reciben, sobre todo cuando estas entrando en la adolescencia, y luego, con los años aparece cierta resignación, es preferible no responder, y muchas otras veces no se levanta ni la mirada, mientras el acosador, el agresor, camina impunemente, ancho de espaldas, alardeando de haber dicho alguna frase de connotación sexual, que en la vida real, no cumpliría jamás. Esta historia no es la única, esto sucede en Río Grande, y en muchos otros puntos del país y del mundo, pero nos centramos en la ciudad, que en la actualidad, no posee ninguna normativa que prevenga a mujeres, niñas y adolescentes de este tipo de agresión verbal sexual.
No hay ley vigente en Río Grande, que sancione, condene o castigue, a quien en la vía pública, acose a una mujer.


“Tengo miedo de no volver a casa nunca más”
Las historias en algún punto son similares, y no por buenas, sino por aterradoras.“Estaba yendo hacia el trabajo de mi abuela y muchos tocaban bocina pero obviamente no le di bola a nadie”, relata otra joven y sigue, “Cuando estaba volviendo a casa un auto color marroncito me empezó a seguir gritándome cosas, tocando bocina. Estaba vestida normalmente, no estaba mostrando nada y de igual manera me siguió, desde la San Martín hasta Chacra IV, casi Garibaldi”.
“Pase un momento horrible, no sabes si correr si llamar a alguien ni siquiera si volves a tu casa. No sé en que se convirtió Río Grande pero ya no podemos salir tranquilas a la calle. Tengo 18 años. Y tengo miedo de no volver a casa nunca más”.


Otras historias
«Hace unos días iba caminando por el centro y sentia que alguien me seguía, fui a Carrefour y él de seguridad me dice que linda foto al revisar mi DNI, a lo que me río y solo prosigo a hacer mis compras. Mientras buscaba algo, él daba vueltas atrás mío, haciendo chistes como «ah me estas persiguiendo» «no no, yo te persigo» , comentario que ignore o me reí por miedo”, cuanta otra chica parte de estos grupos, dando cuenta además que el acoso, ocurre a toda hora y todo lugar.


“Al salir el me guiña el ojo, situación que paso más de una vez, a más de una chica, el mismo día la persona que sentía que me seguía horas antes seguía ahí, atrás mío, me subí a un remis y me fui a mi casa, a lo que veo un gol negro dando vueltas por mi casa, y sentía que era esa persona que me seguía, a los días cuando debía hacer mis compras otro jueves más, un gol negro estaba ahí, a la vuelta de mi casa, un tipo de 1,80m, blanco, pelo negro, vestido de ropa oscura, capucha y barbijo oscuro, me golpeó la cabeza contra el piso y alguien gritó ey que pasa y salí corriendo”.


“Ese día casi no vuelvo a casa, casi no vuelvo con mi bebé de dos años, salí a comprarle comida, pañales, y casi no vuelvo”, explica la joven de 18 años.
“Hoy, después de un mes, hace unos días me intentaron secuestrar otra vez, me robaron solo la mochila y me vaciaron las tarjetas con un posnet de mercado pago”
“Me aterra salir por que tengo una bebé que me espera en casa y no tiene papá, me tiene solo a mi, y por un hijo de puta que no nos quiere mi hija casi se queda sin mamá», detalla en otro tramo.

Sentia su respiración como si fuera que estaba bien pegado atrás

«Estaba caminando por calle Yourka del Austral, yendo para la casa de mi novio, y iba en el mismo camino de siempre. Así que me sentía tranquila porque era de día. En eso que tomo un atajo veo que viene un chico corriendo y no le doy bola porque pense q iba a otra parte, y cuando me giro para el frente de nuevo, se paro atras mio”, dice la chica, de no más de 18 años.
“Y caminaba detrás mío, yo sentía su respiración como si fuera que estaba bien pegado atrás, pero en ese momento no hice nada porque estaba paralizada, quede en shock y no podía moverme”
“En ese momento el chico me toca el culo y se fue corriendo rápidamente, me gire y le grite, pero es una sensación horrible porque ahora ya no puedo permitir que alguien camine detrás mío, porque me hace recordar eso. No puedo olvidar lo que me dejó llorando por una hora”.
Por esta razón y muchas otras más, la organización popular sobrepaso cualquier barrera e incluso la pandemia.

Organización por barrios y en grupos de whatsapp

De este modo, las mujeres y adolescentes, lograron organizarse en grupos de whatsapp, por barrios. Ese espacio les sirve como contención.
Hablan, se conocen, comparten experiencias, se ayudan, encuentran la contención que otros espacios no les brindan.
Además de esta contención que ha sido fundamental en pandemia, pueden decir, a cualquier hora del día, “salgo” y envían su ubicación , para que, quienes están activas, puedan saber en tiempo real, en donde se encuentran, y de ser necesario, pedir ayuda.
Muchos de estos hechos escritos aquí, se han plasmado en redes sociales, y en paralelo, se han radicado las denuncias, y autoridades policiales salieron al cruce, al decir que “todas las denuncias se investigan pero no todas tienen respaldo”.
Pues bien, el respaldo, las jóvenes lo han encontrado entre ellas mismas, más allá de las denuncias radicadas formalmente.

Acoso sexual callejero: Una forma de violencia hacia la mujer

En abril del año 2019 quedó formalmente incorporado el acoso sexual callejero como modalidad de violencia hacia la mujer, a la Ley Nacional N° 26.485. El objetivo de la legislación es tipificar este tipo de situaciones como un delito, que refiere a las conductas o expresiones verbales o no verbales, con connotación sexual, que afecten o dañen su dignidad, integridad, libertad, libre circulación o permanencia y/o generen un ambiente hostil u ofensivo.
Asimismo se establece la implementación de una línea telefónica gratuita y accesible destinada a dar contención, información y brindar asesoramiento sobre recursos existentes en materia de prevención de la violencia contra las mujeres y asistencia a quienes la padecen, incluida la modalidad de acoso callejero.
La Ley también dispone la inclusión en los contenidos mínimos curriculares de la perspectiva de género, el ejercicio de la tolerancia, el respeto y la libertad en las relaciones interpersonales, la igualdad entre los sexos, la democratización de las relaciones familiares y la vigencia de los derechos humanos y la deslegitimación de modelos violentos de resolución de conflictos y del acoso callejero.

(Provincia 23)

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