Buenos Aires. En junio una nota de televisión desde la Isla del fin del mundo, como le llaman a Tierra del Fuego, situada en el extremo sur de Argentina, rompió la rutina, en general trágica, de la información sobre la pandemia causada por el coronavirus ante la decisión del gobierno de esa provincia de permitir, por pedido especial de los pobladores, que los mariachis del lugar puedan volver a cantar en las calles y casas de Usuhaia, la capital.

Respetando el protocolo y con barbjijos, los mariachis que se han convertido en los favoritos de bodas, cumpleaños y actos diversos, fueron una imagen poco común, en una mañana de domingo en cuarentena y también la sorpresa, al conocer que desde hace 20 años los habitantes fueguinos son fanáticos admiradores de las canciones mexicanas.

Los mariachis, también muy populares en otros lugares, están integrados en su mayoría por residentes paraguayos, bolivianos, argentinos en general de las provincias del litoral y el norte y, como ellos dijeron al unísono esta mañana, las más requeridas son canciones de amor, de alegría, las bien mexicanas y las mismas que alguien podría pedir a un grupo de mariachis en la Plaza Garibaldi de México.

Sabíamos que en Buenos Aires han estado presentes incluso en la Ferias del Libro, y también en bodas y otras celebraciones, pero nadie imaginaba que en Usuhaia, donde castiga en estos días el frío y la nieve, los maricahis fueran tan populares para iluminar la vida de los fueguinos. Esta mañana pudieron transmitir para quienes los habían descubierto en Buenos Aires, desde un salón de la sede de los ex combatientes y veteranos de la guerra de Las Malvinas, en Tierra del Fuego, a los que también suelen acompañar en sus actos. La primera canción después de la cuarentena fue El rey. Bien puede decirse desde México a la Isla del fin del mundo, el mariachi es la vida.

Centenares de cartas desde distintas provincias piden ahora un concierto de estos músicos desde la TV Pública.

Los inicios

Para principios del 2000, cuenta Romero, además de trajes, el grupo tenía nombre y contaba con cinco integrantes fijos: dos trompetistas, un guitarronero, un guitarrista y un vihuelero. Después se sumó un acordeonista. Con el tiempo, el conjunto Mariachi Tequila comenzó a hacerse popular entre los fueguinos. “Nos contrataban para las fiestas de 15, casamientos, aniversarios de casados y bautismos. Aunque después de que se estrenó la película infantil Coco, muchos niños querían tener mariachis en su fiestita de cumpleaños”, dice Romero y acota que, un par de veces, los llamaron para cantar en velorios.


“En México y en Bolivia es normal llevar mariachis a los velorios porque son culturas que celebran la muerte. Me acuerdo de una mujer que les había pedido a sus hijos que, para su entierro, fuéramos a cantar ‘Cielito lindo’. Tenía una enfermedad terminal, así que cuando murió se comunicaron con nosotros y nos contaron acerca de su pedido. Fue raro porque todos lloraban y nosotros estábamos ahí parados cantando”, cuenta el hombre que, cuando no se pone su traje de mariachi, trabaja en un hogar de día con adultos mayores.


Para Romero, mariachi se nace, no se hace. “Tenés que tener mucho amor hacia esto. A veces los shows caen en pleno invierno, con nevadas tremendas y temperaturas heladas. Donde más se sufre el frío es en los pies, porque usamos botas texanas de cuero y no hay forma de no estar en contacto con la nieve o el hielo. En los dedos de las manos también, rasgar las cuerdas de la guitarra, el guitarrón o la vihuela, cuando los tenés congelados por el frío genera una sensación de dolor”, destalla.

-Y ahora que los habilitaron para hacer serenatas, ¿cómo vienen con la convocatoria?

-Muy bien. Más allá de las ganas de volver a cantar y de la cuestión económica, lo que nos empezó a pasar fue que, durante el confinamiento, la gente quería contratarnos. Varios padres y madres me llamaban porque sus hijas cumplían 15 años y, como habían tenido que suspender la fiesta, me decían: “Lo único que podemos regalarle es una serenata. ¿Pueden venir a tocar?”. Nosotros teníamos miedo de ir presos y que nos secuestraran los instrumentos. Pero lo que más nos movilizó fue el llamado de un chico de 14 años: quería fuéramos a cantarle a la abuelita que estaba enferma. Le tuvimos que decir que ‘No’ y, a pesar de eso, insistió varias veces. Al final se puso a llorar.
-Además de usar barbijos y mantener distancia social, ¿qué cambios tuvieron que hacer para volver a cantar?

-Por lo general nosotros arrancábamos cantando en la calle y después entrábamos a los domicilios. Ahora ya no lo hacemos. Antes llegábamos al lugar todos juntos; ahora, cada músico se traslada en su propio vehículo, donde tiene sus elementos de higiene, como el alcohol en gel para limpiar sus manos y sus instrumentos.

-¿Qué planes tienen para cuando se flexibilice un poco más la cuarentena?

-Siempre está la idea de viajar. En estas dos décadas de trayectoria nunca salimos de Tierra del Fuego. Nuestras serenatas siempre fueron en Ushuaia, Río Grande y Tolhuin. Sin embargo, después de todo este revuelo, nos hicimos más conocidos al punto de que se comunicó con nosotros Marcelo Quintana, miembro de la Organización Mundial de Mariachis. También nos contactaron desde la embajada de México y se mostraron muy alegres porque su música y su cultura haya llegado hasta el fin del mundo.


A 90 días del inicio del aislamiento, Tierra del Fuego no registra casos de Coronavirus desde hace 21 jornadas. Según el Ministerio de Salud provincial, la cuarentena anticipada que se implementó allí fue la razón por la cual lograron aplanar la curva. A pesar de los alentadores resultados, sin embargo, continuarán con el aislamiento “social, preventivo y obligatorio” pero, de a poco, van flexibilizando algunas actividades.

(La jornada/Infobae)

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