Por /Maximiliano Quelle

Es la más joven de las industrias culturales. Surgió al calor de la revolución informática, lo que la hace dependiente respecto de los avances en tecnología software.Una diferencia del resto de las industrias culturales: la incidencia económica. Posee la mayor facturación mundial, superando a la industria cinematográfica y discográfica.Su desarrollo en Argentina es incipiente. Comienza en este siglo, de la mano de un proceso de transformación digital de finales de los noventa. Actualmente, Argentina es el tercer país en exportación de software de América Latina y el Caribe. Es en este panorama que se inserta la exportación de videojuegos argentinos en el circuito comercial internacional.

Hacia el año 2011, los videojuegos argentinos fueron declarados como industrias culturales por el Ministerio de Cultura de la Nación, siendo el Mercado de Industrias Culturales Argentinas (MICA) el primer evento y oportunidad para la exhibición de proyectos. No obstante, una de las principales dificultades de los videojuegos en Argentina radica en la falta de políticas de regulación: la industria queda en parte tipificada como industria del software; en tanto que puede participar de las políticas de fomento a dicha industria, tales como el Fondo Fiduciario para de Promoción a la Industria del Software (FONSOFT). En 2018, el FONSOFT fue el principal medio de financiamiento de las empresas de videojuegos.

De acuerdo con la Asociación de Desarrolladores de Videojuegos de Argentina (ADVA),principal entidad que engloba a las empresas del sector,la industria posee una facturación anual de US$76 millones; 80% de la producción se exporta al exterior; y existenmás de 120 estudios dedicados a los videojuegos en Argentina.Tal es la calidad del desarrollo argentino que una de las empresas, NGD Studios, tomó las riendas para el relanzamiento de la exitosa franquicia, Master ofOrion.

Un informe de 2019 elaborado por la Universidad Nacional de Rafaela (UNRaf) y la ADVA, señaló que, del universo de empresas desarrolladoras de videojuegos que adoptaron una forma societaria, el 70% de los registros formales se realizaron entre 2015 y 2020; lo que destaca un importante crecimiento de 5 a 20% respecto al anterior periodo, entre 2010 y 2014. En cuanto a forma jurídica, el 45% de las empresas existentes es monotributista, seguida por un 19% sin registrar; quedando a lo último formas jurídicas que limitan la responsabilidad patrimonial, como las S.A., las S.A.S y las S.R.L.

Con respecto a los recursos humanos, el mismo informe señala que sólo el 29% de las empresas posee empleados en relación de dependencia, ya sean a medio tiempo o tiempo completo;el resto son unipersonales. Y del total de empleados, tanto en relación de dependencia como freelancers, se observa que los programadores y los artistas gráficos tienen la mayor participación en ambas categorías: el 21% realizó o se encuentra realizando una carrera universitaria o terciaria relacionada a los videojuegos. Un dato sorpresivo que responde a la calidad del trabajo es que el 90% de la formación profesional es a través de tutorías internas dentro de la empresa, seguido por cursos online o iniciativas propias de los empleados. Los roles más requeridos son arte multimedia (71%) y desarrollo (65%); seguido por gamedesign (33%), producción (22%) y comercialización (18%).

Siendo que más del 80% de la producción y desarrollo de videojuegosse exporta al exterior.Es decir, que las desarrolladoras argentinas son contratadas por terceros, principal evidencia de la calidad del servicio argentino en el mercado internacional. De acuerdo con el informe de la UNRaf y la ADVA, se observa que del total de ventas, el principal destino es Estados Unidos y Canadá, con una proporción del 41%; seguido de Europa, con un 22%. El porcentaje de ventas en el mercado local es bajo, con un 17%; y el mercado asiático ocupa el cuarto lugar con un 13%.

El financiamiento de proyectos de videojuegos es una de las principales dificultades de las empresas desarrolladoras. En el mismo informe UNRaf-ADVA pero de 2018, se destaca que casi la mitad de las empresas solicitó financiamiento a instituciones públicas no financieras

Desafíos: su institucionalización como industria cultural

La institucionalización de los videojuegos debe estar enmarcada en un abanico de políticas públicas de regulación estatal, mediante una legislación nacional que promueva mecanismos de fomento y protección jurídica a la propiedad intelectual sobre los proyectos de desarrollo de videojuegos.

El desarrollo de la industria nacional depende de políticas estatales que garanticen la producción de nuevos proyectos por parte de pequeñas, medianas y grandes empresas desarrolladoras de capital nacional. Sin embargo, desde comienzos de este milenio, la problemática de pensar a los videojuegos como industrias culturales está atravesada por dos principales factores en común en los países iberoamericanos: las políticas de regulación, y un incipiente desarrollo de nuevas empresas desarrolladoras nacionales. Su tipificación como actividad industrial cultural-y no simplemente software- aún se debate en ciertas latitudes.

(Motor económico)

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