Por/Marta Molina(*)

Este cuerpo que tenemos es lo que somos. Esta respiración, estos latidos, estas sensaciones. ¡esta vida! Debajo del nombre con el que nos nombran hay deseos, esperanzas, lágrimas, búsquedas, pérdidas, encuentros. Estamos aquí, sin haberlo decidido. En este mundo, sin haberlo hecho tal como es e intentando hacer algo para transformarlo: para que deje de existir el hambre. Para que haya justicia. ¡Somos humanos!

Cuando veo andar por las calles a los portadores del odio en el contexto de una pandemia incontrolable que arrasa al planeta no deja de sorprenderme la extrema alienación que padecen esas “personas”. ¡Hasta ese punto los medios idiotizantes han penetrado en el cerebro de tele-espectadores, de oyentes e incluso de lectores! ¿O hay algo más? Tal vez, fuerzas profundas, entramadas con los afectos, con la cotidianidad, con la familia. Con las creencias, asidas siempre al miedo, – en eso se sustentan las religiones -. Con deseos materiales a los que se consagra nada menos que el estigma del éxito o del fracaso en el ámbito social. Con el poder, ceñido siempre a una ideología individualista, cifrada en el egoísmo, en la propiedad privada, en la acumulación de riquezas. Con la educación, en todos los niveles de enseñanza destinada a succionar las rebeldías y a performar ciudadanos adaptados y adaptables a un sistema de explotadores y explotados.

Quizás, en cada uno de los contextos referidos haya excepciones, pero en la cultura vigente predominan, de manera hegemónica, esas características. Ese tipo de statu quo está detrás de cada mujer asesinada, violada, golpeada, de cada criatura abusada por pedófilos, no pocas veces por sacerdotes en las mismas iglesias.

La doctrina y la praxis peronista han intentado desde su surgimiento trastocar esa realidad. Se sustentan en la idea del amor y del cuidado; del bienestar de todos; de la justicia social. El peronismo es una experiencia política asumida y sostenida por el pueblo. Por los trabajadores. Por los pobres y por quienes tienen la certeza de que la “la Patria es el otro”.

¿Qué sectores persiguen al peronismo? La oligarquía, el empresariado, los medios de difusión cipayos. ¿Por qué? Porque una distribución más justa de las ganancias es percibida por ellos como una amenaza a sus intereses, a la acumulación desmedida de sus posesiones, de sus cuentas bancarias, de sus cuentas off-shore. Por eso promueven gestiones gubernamentales con un Estado ausente, donde se prioriza el mercado, los negocios privados de la mafia que controla el poder y se procede al abandono y exclusión de las mayorías, hecho que las condena al desempleo, a la miseria, a todo tipo de padecimientos y de precariedades. Que esos grupos quieran quedarse con todo se comprende, aunque es, sin duda, injustificable. Pero que la clase media, constituida también por trabajadores defienda los voraces intereses de quienes los explotan no se justifica, ni se comprende. El enemigo les ha carcomido la mente, los ha fanatizado. Ha inhibido su capacidad de pensar.

Es así como marchan, en días donde se dan los picos más altos de muertos y afectados, a desafiar la cuarentena, entre pancartas y gritos con los que claman por la muerte del otro: del pueblo, de los peronistas, de los que no están alienados ni enfermos como ellos.

No se dan cuenta de que también pueden morir.
Hasta ese punto llega su soberbia. Y su ignorancia.

(*)  Marta Molina, Licenciada en Letras UBA, Poeta, Escritora, Docente.

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