Por /Tavo Cibreiro(*)

Por dispares motivos, el referente político territorial no tiene buena fama dentro de una porción significativa de nuestra sociedad. Al no conmover con su pertenencia partidaria, su imagen dentro de ese grupo está estigmatizada y es caprichosamente negativa. Sin embargo, la tarea que realiza es muy valiosa para el espacio en el cual milita. Su presencia busca fomentar la participación ciudadana en la vida política local, articula las necesidades barriales con las autoridades distritales y, entre otras muchas cuestiones, construye afinidad y pertenencia para ganar elecciones. Los tiene el peronismo y, en todas sus configuraciones, la izquierda. Obviamente, dentro de esta caracterización, colocamos a las, fundamentales, organizaciones sociales y, en tiempos de modernidad liquida, también a las principales corporaciones periodísticas de nuestro país.

Suena raro, o exagerado, pero así lo demuestran, por ejemplo, las últimas manifestaciones en contra de la intervención de la cerealera Vicentín. Sin dudas, los medios hegemónicos se han transformado en los punteros políticos de la derecha nacional. Ellos seleccionan, reúnen y conducen su militancia. Y por supuesto marcan el pulso de sus acciones.La única diferencia real con el histórico líder barrial, es que sus “mediados” conducidos y conducidas no saben, ni sospechan, el importante rol que cumplen dentro de la dinámica coyuntural. Ahí, justo en ese desconocimiento, habita la trampa política.

En tiempos donde el poder concentrado globaliza la voracidad de sus egoísmos, perfeccionando sus falsos montajes simbólicos y, al mismo tiempo, socavando la legitimidad de la construcción democrática, la utopía Neoliberal de un mundo sin estado, logró funcionar los partidos políticos más conservadores con la prensa monopólica, quizás para siempre. 

De un tiempo a esta parte, la cadena de significación se apropió del yo colectivo y ahora habla por todos y todas. Ya fuimos campo, con la 125. Hoy somos Vicentín y, seguramente, mañana seremos virus de ser necesario.

“Los grandes medios de comunicación privilegian sus intereses particulares en detrimento del interés general y confunden su propia libertad con la libertad de empresa, considerada la primera de las libertades. Pero la libertad de empresa no puede, en ningún caso, prevalecer sobre el derecho de los ciudadanos a una información rigurosa y verificada ni servir de pretexto a la difusión consciente de informaciones falsas o difamaciones”, dice Ignacio Ramonet en su libro “Información, Comunicación y Globalización, El Quinto poder”. 

Y así es. Las esferas del poder real conocen la dimensión política de la comunicación y sus alcances tácticos. Por esa razón, en cualquier espacio donde las relaciones se ponen en tensión, contar con el apoyo de los grandes medios termina siempre inclinando la balanza a favor de los intereses directos o indirectos de las empresas periodísticas. Sean cual fuesen, no interesa. Por las dudas, el objetivo es someter, no importa cuando leas esto.

(*) Tavo Cibreiro. Comunicador popular. Periodista. Integrante de Ucaya y colaborador en Motor Económico. 

(Motor económico)

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