Por/Saúl Horacio Solano(*)

ROCK Y POLÍTICA
(Desde el Comienzo)

Reflexionar sobre el Rock y la Política, y su cruce cultural, en los años 60 y 70 es compleja, con muchas interpretaciones diversas y hasta diría contradictorias de acuerdo al recuerdo histórico de cada uno.
Tengo mi experiencia como protagonista durante esa etapa y me complace, en principio, poder compartir parte de un recorrido de vida, surgida en Jujuy en esos años a través del Rock, la Poesía y la Militancia Política.
En realidad fuimos tres Personas, dos de las cuales están juntas ya caminando a la distancia. Que logramos crear y generar un espacio contracultural único en nuestra Provincia y uno de los pocos a nivel nacional por esa época. Hablo de los programas “Progresión” y “Los Habitantes del Sol” que se difundieron desde 1976 hasta 1981 en Radio Nacional.
Ernesto Aguirre, José Javier “Pepín” Soto y Yo. Fuimos un marco referencial de una Contracultura ligada al Rock y a las nuevas manifestaciones de resistencia que surgían por esos años, que abiertamente confrontaba con la oficial y que sirvió de “refugio” creativo a todos los que pensábamos y nos nutríamos de una nueva cultura social a nivel planetario.
Numerosas publicaciones, locales y nacionales, dan registro de eso… Como “Con Vida los Llevaron” de Reynaldo Castro del 2004… La compilación “Rock del País” hecha por Edgardo Gutiérrez del 2010… La Revista “Viator” (Revista Científica de Comunicación desde los bordes) con Romina Argote del 2015… Publicaciones, notas y reportajes en medios de comunicación (Pregón, Pautas, El tribuno, etc.) por citar algunos locales.

“Por esa época las matrices convergentes eran “Uno Mismo” y “Tú Mismo”. Nuestra generación, nacida a partir de la década del 50, comenzaba a percibir que la familia tradicional de clase media, por entonces, practicaba con éxito una constante con sus hijos: El mismo repertorio de informaciones y valores era transmitido casi intacto de generación en generación. Dentro de esas condiciones se empezó a crear un campo de información propia. En realidad, el movimiento que posteriormente algunos definirían como “contracultura” y otros como “revolución cultural”, estaba formado por muchas ideas todavía en el aire, apenas esbozadas, y la integración de esa nueva ideología y su puesta en práctica iba a ser la lucha de las próximas generaciones.
Allá por los finales de la década del 60 comenzaría a gestarse ese fragmento de cultura, que con el correr del tiempo, crecería y rompería con los moldes creativos estrechos y verticales que se mantenían en estado larval en nuestro País y con particularidades exclusivas en la Provincia de Jujuy.


A comienzos de los 70 estábamos listos para devorarnos el mundo y tratar de cambiarlo con un poema, una flor, un libro o con música y si era necesario con la revolución del hombre nuevo que había florecido en el continente Americano. Nos sentíamos invencibles, eternos y teníamos respuesta a todo. Nuestra cabeza multiplicaba utopías por venir. Nosotros éramos el ombligo del universo”.
“Por ese tiempo comenzaríamos escribir casi como una necesidad de vida. Como una punción elemental que nos llevara a exteriorizar lo que sentíamos, vivíamos y, sobre todo, queríamos cambiar. Día tras día gastábamos el papel con poemas, notas, ideas o cualquier anotación, que más adelante, nos disparara una nueva creación. Creo que por entonces le dedicábamos más tiempo a la lectura, la escritura y la música que a nuestros estudios. No pensábamos, en ese momento, dedicarnos a la escritura, ni a la poesía. Era como diría, unos años más tarde, Javier Soto en un reportaje que nos hicieron en Jujuy en el diario “El Tribuno”: “Yo escribo cuando no puedo más con la vida, con la gente, con la violencia, con la belleza…”.


“Esa sensación de no poder más la entregábamos a un papel y esperábamos que la tinta vomitara su respuesta.
Estábamos instalados, con Ernesto Aguirre en Tucumán desde 1972 y cursábamos diversas carreras en la UNT (Universidad Nacional de Tucumán) que era el destino más cercano a nuestra provincia para aspirar a cursar alguna carrera universitaria inexistente en Jujuy.


En 1975, nuestra pasión por la poesía y la música va en aumento y pensamos con Ernesto que debíamos mostrarla de alguna forma y se nos ocurre armar el primer programa de radio: Progresión. El nombre se lo habíamos dado por el rótulo de música progresiva del momento, pero queríamos englobar con esa palabra a todo lo que se renovaba, crecía y progresaba. Básicamente lo habíamos pensado como un programa de música, que en ese momento las radios no difundían, y lectura de textos, reflexiones y poesías”.
“El primer programa de Progresión lo hicimos el día 18 de mayo de 1975 (En LRA 15 -Radio Nacional Tucumán- y que merece un capítulo adicional) y dado lo escaso del tiempo que nos habían otorgado con la programación tuvimos que dejar muchas cosas fuera del libreto. De todas formas en ese primer programa pasamos los temas musicales “Háblame – Respira” de Pink Floyd, “Quinto de Quinto” de Génesis y “Padre del Día, Padre de la Noche” de Manfred Man Heartband. La parte de los textos la conformaban el poema “Caracol” de Álvaro Cormenzana y “Audiencia” de Elva Ridi. Ese programa fue la primera flecha lanzada sin retorno a la caza de nuestros sueños. Habíamos encontrado y descubierto un medio imaginativo y reflexivo de conexión con la gente que nos marcaría profundamente en los años venideros y que, después del paso de tanto tiempo, aún convive en nosotros.


Una frase de José Pedroni siempre abría nuestro programa: “No quiero quedarme olvidado en el mundo viejo, quiero marchar con aquellos que entonen los cantos nuevos de los tiempos nuevos”.
“La rueda había comenzado a girar y no se detendría por mucho tiempo. Comenzábamos a pulverizar ciertas constantes mediocres de los medios y a crecer con ciertas verdades que nos acompañarían durante todo el resto del camino. Para nosotros, como el título del programa, era progresar hacia un futuro mejor y soñado”.


Después de eso en 1976, ya instalados nuevamente en Jujuy, y habiéndose desatado la represión más sangrienta de la dictadura cívico militar de la época, en LRA 22 -Radio Nacional Jujuy- sigue la continuidad de “Progresión” y posteriormente en 1978 nace “Los Habitantes del Sol” que se mantuvo inalterable hasta 1981… En plena etapa de la Dictadura más feroz y sangrienta de nuestra historia política.

Estos son algunos fragmentos y reflexiones de mi libro inédito “Habitantes” (De próxima edición) en donde registro lo que se construyó, desde la resistencia y la cultura del rock, como una página importante, en la cultura local…

Y como recuerdo histórico de esa época…
En 1980, Los Habitantes del Sol… editamos el libro “Espejo Astillado” en donde entregamos toda nuestra furia y amor de esos años.
La noche anterior que el libro entrara en impresión… Nos reunimos los tres a esbozar una suerte de prólogo del libro… Ernesto terminó de compaginar todo y al día siguiente entregó esa parte a la imprenta…
Ese “Manifiesto” que escribimos como Prólogo formó parte de nuestra ideología y nuestro pensamiento…
Decía…

“Despertamos un Día sabiendo que estábamos lanzados en la
Alucinante aventura de sentirnos vivos. Y no podríamos 
Fallarle a la vida. 
Comprendimos que nuestra patria era el universo con su
lógica de poeta, y el mundo nuestro hogar, viajando
enloquecido hacia la belleza final del hongo atómico que
nos tienen prometido.
Comprendimos
que nuestra cruz estaba hecha con la
madera de la ternura y que debíamos ventilarla,
enfrentando en las primeras planas a la indiferencia, no
podíamos dejarla abandonada, llenando oscuros cajones de
escritorios ni discursos de corbatas elegantes
porque por allí están pasando las orugas de los blindados.
Nuevos Atilas de una vieja locura.
Todo esto lo supimos cuando despertamos.
Más tarde
encontramos una música sonando ignorada, bella, fresca
y era la nuestra.
La trajimos y la pusimos a girar.
Nacieron palabras y sonidos que nos hablaban de los
kilómetros como metáforas de la distancia.
Comprendimos
que era nuestra vida repartida por el globo y no podíamos
fallarle.
Giramos un botón y supimos que la destrucción del hogar
nos llegaba en vivo y directo,
que los cerros y los burros pardos estaban incluidos en el
holocausto.
Comprendimos
que la poesía no podía cantarle a los condenados
“que los muertos entierren a sus muertos”
sino que debería enfrentar a sus verdugos.
Comprendimos que
en la medida que cerremos nuestras bocas
aumentarán los parlantes de la guerra.
De allí nuestro empecinamiento.
De allí nuestro compromiso.
De allí nuestros poemas.”

(*) Saúl Horacio Solano, Periodista, Poeta.

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