Por /Telma Luzzani

Según las últimas proyecciones del FMI, la mayor economía de América Latina podría experimentar un derrumbe cercano al 9 por ciento, lo que afectaría la recuperación argentina. «Nuestro comercio exterior depende en gran parte de Brasil», advirtió la economista Julia Strada, quien también se refirió a la restructuración de la deuda.

La economía brasileña, la más grande de América Latina, se reciente en medio de la pandemia y podría sufrir un derrumbe superior al 9 por ciento, según el Fondo Monetario Internacional.

La economista Julia Strada, directora del poderoso Grupo Bapro –sociedad holding que depende del Banco de la Provincia de Buenos Aires–, aseguró que las últimas «proyecciones de caída del FMI empeoraron en todos los países europeos y latinoamericanos».

En la región, señaló se vislumbra «una afectación muy fuerte en Colombia y Perú, con caídas muy marcadas y aumentos importantes en desocupación», pero sostuvo que las miradas de la región deben enfocarse en el gigante brasileño. «Argentina cerró las fronteras para protegerse de la pandemia pero nuestro comercio exterior depende en gran parte de Brasil, y si le va mal a él, nos va a resultar muy difícil a nosotros rebotar en 2021″.

En base al último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que dirige la propia Strada, mostró su preocupación por «las caídas de dos dígitos a nivel industrial», que suceden a dos lados del Atlántico. «Esto también está pasando en Francia e Italia, donde la cifra es en torno al 30 por ciento».

En el caso de Argentina, las perspectivas de recuperación parecen más dificultosas ya que «en 2019 se cerraron 25 mil empresas y la espalda del mundo empresarial frente a la pandemia es más frágil».

«Argentina había alcanzado «los dos dígitos de desocupación sin pandemia, y si bien en Brasil también creció el desempleo, su condición financiera no se debilitó tanto», dijo Strada.

En relación con la renegociación de la deuda externa, indicó que «un default no cambia en los hechos, ya que desde abril de 2018 estamos fuera de los mercados de crédito». «El contexto no amerita para entrar en default, pero la experiencia de 2001 permitió plantear nuevos términos a la hora de negociar», agregó.

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