Por /Héctor Sosa (*)

Tiempo de pandemia, de una derecha que prioriza el dinero por encima de la vida. Tiempo de nuevos soportes tecnológicos. Tiempos de Globalización. Un mundo donde el vértigo de una información devora a la próxima. Sociedades construidas en la «Cultura del Apuro». En éste y no otro mundo comenzamos a dar pasos importantes para desmantelar a la mentira organizada. Organizada, como sucedió con la prensa de la derecha argentina que desde el golpe de 1955 hasta la vuelta a la democracia en 1973, quemó, robó y ocultó todo documento que mostrara el primer gran genocidio producido en Argentina: los bombardeos a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955.

Perón había sido electo por amplia mayoría en 1951 y los diarios, revistas, agencias y radios tenían prohibido hablar de la masacre.Y eso fue. Centenares de muertos y heridos: niños, mujeres, trabajadores y estudiantes cayeron bajo la bombas de «La Libertad».

Hoy, que se cumplen 65 años del feroz bombardeo, hoy miles de imágenes andarán por las redes del país.

Hoy decimos: La historia volverá a contar su verdad, porque todo lo que se oculta renace y lo que renace no muere.

El 16 de junio estaba programada una exhibición aérea en homenaje a José de San Martín, que fue aprovechada por los golpistas para ejecutar el plan. Desde la Base Naval de Morón partieron los primeros aviones que bombardearían la plaza. Luego serían acompañados por aviones Gloster salidos de la Base Aérea de Punta Indio.

Apenas pasado el mediodía las bombas comenzaron a llover sobre Plaza de Mayo y comenzaron a correr las víctimas. Una de las primeras descargas dio de lleno sobre un trolebus repleto de pasajeros. Los comandos de infantes y civiles avanzaron sobre sus objetivos siendo repelidos primero por los Granaderos de guardia en la Rosada y más tarde por las multitudes de trabajadores que, convocadas por la CGT, se lanzaron a defender al gobierno poniendo su cuerpo en Plaza de Mayo.

En total se lanzaron 14 toneladas de explosivos. Pero el mayor número de víctimas de esa gris jornada no se produjo por las bombas, sino por el ametrallamiento deliberado sobre grupos de civiles cerca de la CGT y frente al Ministerio de Marina rebelde.

Los comandos civiles tomaron Radio Mitre y desde allí lanzaron su proclama: “Argentinos, argentinos, escuchad este anuncio del cielo volcado por fin sobre la tierra. El tirano ha muerto. Nuestra patria desde hoy es libre. Dios sea loado. Compatriotas: las fuerzas de la liberación económica, democrática y republicana han terminado con el tirano. La aviación de la patria al servicio de la libertad ha destruido su refugio y el tirano ha muerto”.

La resistencia de los trabajadores que se movilizaron masivamente armados de lo que tuvieran a mano para defender a Perón y las divisiones de los militares provocaron la derrota de la sublevación. El elevado número de víctimas, la saña criminal contra el pueblo y los cadáveres que poblaban la plaza provocaron la furia popular que esa misma noche salió a quemar iglesias como revancha.

Todo lo que se oculta renace. Todo lo que renace no muere jamás.

Jamás.

(*) Editor de Motor Económico/ Comunicador/ docente

(Motor económico)

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