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Por /María Alicia Alvado

La institución que fue concebida a espaldas de las mujeres, producto de la lucha feminista celebra su segundo centenario con un 63,8% de egresadas y una fuerte presencia de mujeres: son el 60,7% del estudiantado y el 52% del cuerpo docente.

Uno de los recorridos posibles por los 200 años de la Universidad de Buenos Aires (UBA) es aquel que pone el acento en la participación femenina en una institución que, como marca de época, fue concebida espaldas de las mujeres, al punto que tuvieron que pasar 64 años para la primera graduada y todavía en 1910 éstas representaban el 0,79% del total de egresos.

Producto de la lucha de las mujeres por sus derechos y de los cambios socioeconómicos, la UBA celebra su segundo centenario con un 63,8% de egresadas y una fuerte presencia de las mujeres: son el 60,7% del estudiantado, el 52% del cuerpo docente y el 34% de sus autoridades.

Julieta Lanteri. Foto: Archivo General de la NaciónJulieta Lanteri. Foto: Archivo General de la Nación

Julia Magdalena Ángela Lanteri. Foto: Archivo General de la NaciónJulia Magdalena Ángela Lanteri. Foto: Archivo General de la Nación

No obstante, la UBA nunca tuvo rectora y la cantidad de mujeres en ejercicio simultáneo del cargo de decana nunca superó la cantidad de cuatro, lo cual pone de manifiesto la vigencia del llamado «techo de cristal».

«En cuanto a su deseo de incorporarse al profesorado, la Facultad (de Filosofía y Letras), en duda de si es posible abrir esa carrera por ahora al sexo femenino, ha aplazado el asunto», le contestaba en 1910 el decano José Matienzo a la pedagoga Raquel Camaña, quien había solicitado ser suplente en Ciencias de la Educación, basándose en una serie de logros que le valieron incluso reconocimiento internacional.

Y aunque Camaña apeló al Consejo Superior con el argumento de que «no insistiría en pretender la suplencia si no tuviera el convencimiento de que ello implica un trascendente interés educacional que no está en contradicción con el reglamento», no pudo acceder al puesto.

Foto: Archivo General de la NaciónFoto: Archivo General de la Nación
«Hasta fines del siglo XIX y principios del XX, los ámbitos universitarios eran espacios exclusivos de los hombres y estas notas son de nuestros documentos más interesantes, porque es la voz de ella la que está ahí, marcando con fuerza la necesidad de ser incluida», dijo a Télam Lucía Wisnieski, del Archivo Histórico de la UBA.

La primera en obtener su título de grado de la UBA llegaría recién en 1885: se trató de Élida Passo, quien se recibió de farmacéutica.

«¡Te imaginás el esfuerzo de esa mujer!», reflexiona hoy la pedagoga y exdiputada nacional Adriana Puiggrós, quien en 1974 se convirtió en la primera decana de la UBA.

Puiggrós explicó que «la mujer estuvo excluida totalmente del proyecto» de universidad porque «no formaban parte de la cosmovisión» de sus ideólogos, en el marco de una sociedad en la que ellas «tenían que ser maestras o ama de casas o prostitutas», y por eso «todo el lenguaje de los documentos es masculino».

«No es que no accedían por dispositivos de tipo normativo sino más bien culturales, porque no eran considerados espacios para ellas», dijo a Télam la doctora en Historia e investigadora del Instituto de Investigaciones de Estudios de Género (FFyL-UBA), Ana Laura Martín.

Alicia Moreau Foto: Archivo General de la Nación

Alicia Moreau Foto: Archivo General de la Nación
Entre las primeras graduadas de la UBA, se destacan las médicas:

• Cecilia Grierson (pionera en concluir el doctorado en Medicina en 1889)
• Elvira Rawson
• Julieta Lanteri
• María Teresa Ferrari
• Alicia Moreau

Estas médicas no sólo dedicaron sus trayectorias profesionales al estudio de la salud de las mujeres, sino que fueron activas militantes feministas, participando de la Asociación de Mujeres Universitarias (1904), el Primer Congreso Femenino Internacional (1910) y el Partido Feminista Nacional (1919), entre otras iniciativas.

Cecilia Grierson. Foto: Archivo General de la NaciónCecilia Grierson. Foto: Archivo General de la Nación
Por afinidad con los roles de género atribuidos a ellas, las primeras mujeres universitarias se concentraron en la Facultad de Medicina -la cual ofrecía las carreras de Obstetricia- y la de Filosofía y Letras, que, enfocada a la docencia, desde un principio permitió a las maestras normales matricularse.

En el caso de esta última facultad, la primera tesis de doctorado tuvo por título «El movimiento feminista» y su autora fue Elvira López.

Cecilia Grierson. Foto: Archivo General de la Nación

Cecilia Grierson. Foto: Archivo General de la Nación
«El movimiento feminista, que hoy se ha hecho universal, es una necesidad histórica y no podrá detenerse hasta que haya conseguido dar solución a los problemas económicos y jurídicos que lo han originado; por consiguiente, es necesario que la sociedad, en lugar de combatirlo, trate de estudiar sus causas y de dar satisfacción a las reivindicaciones«, dice en su tesis de 1901, la cual debió pasar por tres mesas conformadas íntegramente por hombres para ser aprobada.

«A principios del siglo XX hubo una coincidencia entre feministas y universitarias, quienes expresan una preocupación por sus congéneres en términos de condiciones de vida pero también de capacitación, por identificar el tipo de trabajos que podrían hacer las mujeres más o menos ilustradas», aportó Martín.

«El movimiento feminista, que hoy se ha hecho universal, es una necesidad histórica y no podrá detenerse hasta que haya conseguido dar solución a los problemas económicos y jurídicos que lo han originado»TESIS DOCTORAL «EL MOVIMIENTO FEMINISTA» – ELVIRA LÓPEZ

En ese sentido, se destaca Cecilia Grierson, quien en 1886 fundó la primera Escuela de Enfermeras de Sudamérica; o de la primera ingeniera de la UBA y Latinoamérica, Elisa Bachoffen, quien buscó favorecer la educación técnica de la mujer dictando cursos sobre electricidad aplicada al hogar, mecánica, y motores para automóviles, entre otras propuestas.

«Acá hay una apuesta por la educación como un elemento que además va a colocar a las mujeres en mejores condiciones en esa sociedad tan asimétrica», dijo.

La pedagoga y exdiputada nacional Adriana Puiggrós se convirtió en 1974 en la primera decana de la UBA. Foto: Archivo TélamLa pedagoga y exdiputada nacional Adriana Puiggrós se convirtió en 1974 en la primera decana de la UBA. Foto: Archivo Télam
Pero como «en los años centrales del siglo XX, se va consolidando una noción de que el trabajo fuera del hogar no es propicio para unas mujeres», las cuales, no obstante, necesitaban trabajar, y por eso ellas comienzan a optar estratégicamente por estas carreras a las que yo le llamo ‘profesiones atajo’, porque les permite, por un lado, acceder rápidamente a un título que las habilita a trabajar, pero también ser menos condenada por eso», dijo.

En 1936, con la titulación como médica veterinaria de Amalia Pesce, se completa el cuadro de las primeras graduadas de las distintas facultades. De ella, como de muchas otras de las pioneras, no se consiguen fotos, evidencia inapelable de su invisibilización.

Elvira Rawson. Foto: Archivo General de la NaciónElvira Rawson. Foto: Archivo General de la Nación
En cuanto a las decanas, después de Puiggrós, ejercieron ese rol:

• Julia D’Oliveira (Veterinaria, 1976)
• Sara Slapak (Psicología, 1986)
• Juana Pasquini (Farmacia, 1986)
 Carmen Córdova (Arquitectura, 1994)
• María Guglielmotti (Odontología, 2006)
• Mónica Pinto (Derecho, 2010)
• Carolina Mera (Sociales, 2017)
• Marcela Gally (Agronomía, 2018)

Elisa Bachoffen. Foto: Archivo General de la NaciónElisa Bachoffen. Foto: Archivo General de la Nación
Puiggrós señaló a esta agencia que al momento de su asunción estaba en marcha el «proceso de cambio», el cual representó el proyecto de «la universidad nacional y popular de Buenos Aires», que supuso «un replanteo cultural que sentó las bases de lo que estamos viviendo ahora».

«Siempre recuerdo que cuando volví del exilio vino hacia mí un hombre con aspecto de profesor, que me dijo ‘ah, Adriana, siempre me acuerdo cómo en el ’73 vino un profesor alemán, me preguntó quién era la decana y yo le dije ‘esa mujer, joven y de minifalda’» para la extrañeza del académico y como síntoma de los vientos de cambio.

Cecilia Grierson. Foto: Archivo General de la NaciónCecilia Grierson. Foto: Archivo General de la Nación
Por otro lado, Puiggrós cuestionó que «el incremento de mujeres que ingresaron o terminaron sus carreras a la UBA, no tenga un correlato en cargos directivos».

«Conozco casos concretos en donde hay mujeres que no pudieron entrar al Conicet porque sus directores no las quisieron presentar porque estaban embarazadas, entendiendo que por eso se iban a retrasar», dijo.

Por su parte, Martín destacó que las discusiones de género, que en todas las facultades «estuvieron agazapada en la investigación o la currícula», hoy haya dado «un paso importante hacia la gestión» de la propia universidad, lo que «implica pelear otras cosas, como la paridad de género (en los representantes de los claustros) o normas de cupo trans, por ejemplo».

Elisa Bachoffen. Foto: Archivo General de la NaciónElisa Bachoffen. Foto: Archivo General de la Nación

Muestra «Las primeras mujeres en la UBA»
Párrafo aparte merece el trabajo que se viene haciendo desde el Archivo Histórico y que se propone recuperar las trayectorias y las voces de las primeras egresadas, lo que en 2014 dio lugar a la muestra «Las Primeras Mujeres en la UBA», que se mantuvo hasta 2016 en el hall de ingreso al rectorado y que ahora se puede consultar como muestra virtual en la página del AHUBA.

«La idea fue visibilizar las dificultades en la inserción de las primeras mujeres en la UBA como parte de la construcción de la memoria de la universidad», dijo Wisniesky.

Elvira Rawson de Dellepiane. Foto: Archivo General de la Nación

(Télam)

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